miércoles, 18 de mayo de 2016

Senso nullun dolorem, nullum gloriae. C42K


ESTA ES UNA HISTORIAL REAL.
LOS ACONTECIMIENTOS QUE SE RELATAN TUVIERON LUGAR EN ALGUNA PARTE DE GALICIA ENTRE 2014 Y 2016.
POR PETICIÓN DE LOS PROTAGONISTAS SE HAN CAMBIADO LOS NOMBRES.

POR RESPETO A LOS QUE NO LO VIVIERON TODO LO DEMÁS SE RELATA TAL Y COMO OCURRIÓ.


EL PRECOMIENZO
18:20 del Sábado 9 de Agosto de 2014.
Transcurría el minuto 20 del partido entre A Canuda y Rofervigo. Un sol de justicia arreciaba sobre mi cabeza y dos acciones defensivas consecutivas habían terminado con un corner a favor del equipo rival.
Mientras el jugador rival se prepara, me sitúo en el palo, extasiado y agotado, tanto que por un momento entro en ese limite entre la consciencia y la inconsciencia… me agarro al palo…recupero malamente y logro interceptar el balón lanzado por el rival.
Durante esos instantes van y vienen por mi cabeza multitud de pensamientos, sí de esos que los psicólogos denominan automáticos, la mayoría llegaban a la misma conclusión… “¿que hago yo aquí?” “esto no puede ser, si quiero seguir jugando necesito poner mi cuerpo enforna y adaptarlo al esfuerzo que le voy a exigir”
Este momento resume todo lo que voy a seguir contando. Entrenamiento, adaptación al esfuerzo y resultados. Esta no pretende ser únicamente una crónica de un maratón, sino la crónica de un proceso, un proceso que ha culminado, de manera temporal en un maratón.
Si la idea del lector es centrarse sólo en que ocurrió en el maratón, puede saltarse el ladrillo que voy a lanzar y  saltar directamente al punto que dice… EL DÍA D o la también llamada CRÓNICA DEL MARATÓN
Si por el contrario el lector tiene curiosidad en conocer las entrañas del proceso, aquí va mi relato…
Terminó el partido, sol apretando, calor, es decir todos los ingredientes para quedarse allí mismo, luego me dicen que lo que hago ahora es peligroso. Yo sinceramente pienso que aquello tenia más peligro que la maratón que corrí.
Como buen hombre recién cumplidos los 40 y con síntomas de agotamiento físico (ya había terminado la temporada pasada con problemas en el gemelo) tomo consciencia de que si quiero seguir haciendo deporte de manera sana es necesario no solo un cambio, sino un gran cambio.
Un cambio de hábitos físicos y nutricionales, un cambio que me permita hacer deporte sin poner en riesgo mi salud.
Así que comienzo mi cambio y aprovechando que mi fisio por aquel entonces, Adrian, colaboraba con el gimnasio IFIT y además el gimnasio estaba dentro del campo del Coruxo (siempre futbol) doy ese primer paso y me inscribo esa semana.
Hice la primeras pruebas para ver como estaba y quedé con Joan (el mister) para comenzar el lunes siguiente.
Pero entre medias …¿que pasó?
Sábado 25 Agosto, retomamos el mundo del balón. 17 minutos de juego del partido A Canuda y Sampayo, arranco para disputar el balón y noto como alguien me tira una piedra.
Mi sorpresa llegó cuando me giré y vi que el jugador más próximo era mi portero y estaba a más de 30 metros.
Una vez que fui consciente del problema real, como buenamente pude me fui  para el vestuario.
Ese Lunes con una rotura de fibras en el gemelo y consciente de que la primera parte del plan se había ido al garete acudí lesionado al gimnasio. Desde ese día comencé un plan de recuperación que duró 2 meses y medio.
LA RECUPERACIÓN
Nos situamos en Noviembre, recuperado ya de la lesión.
IFIT y el trabajo de Joan y Marcos no sólo había conseguido recuperarme, sino que además con el trabajo de fortalecimiento del tren inferior había conseguido un buen tono muscular y con el trabajo programado en elíptica también había adquirido un buen nivel de cardio. Sin duda un trabajo muy bueno.
Además durante esos dos meses la mejora en la alimentación había conseguido que me situase un mi peso ideal (algunos me lo discuten pero bueno…) bajando 10 Kg.
Estaba en un momento muy bueno de forma y retome el fútbol. Aquello ya era otra cosa. Jugar, jugaba igual de mal que siempre, pero correr… aquello era un correr sin parar al más puro medio centro aquel que tenia el Barça llamado Víctor Muñoz… un pulmón!
LOS DEL PUPITRE
Andaba yo trabajando duro con el único fin de mantenerse en forma cuando llegó el día D, el 28 de Diciembre, día de las inocentes, de las inocentadas, de las bromas y día fijado también como el de la comida de Navidad.
Tras un buen cocido muy bien regado para la ocasión llegó el tiempo de los digestivos. Una digestión de tales manjares que se prolongó hasta la misma noche del Domingo.
Y en esas nos encontrábamos, entre trifulca y trifulca dialéctica, cuando en un ataque de gallardía el Sr. Paco lanzó un órdago.
-       “A que no tenéis cojones de hacer la VigBay?”
Tras unos momentos de reflexión y confusión inmediatamente el local se llenó de “Vamosssssss!!!” como señal de que todos los presentes aceptábamos el reto.
Hasta ese momento del Sr. Paco (alias Pakhili en el mundo running) se habían escuchado muchas historias… Que si se levantaba en la madrugada para ir a correr, que si hacía no sé cuantos kms, todas ellas hacía la misma dirección… su obstinación, coraje y perseverancia.
Pero claro esto de la VigBay, 21 km y un poquito, era cosa seria así que a uno de nosotros, no recuerdo quién aunque probablemente el que más había apurado en hacer la digestión, se le ocurrió decir:
-       “Quedamos el próximo sábado (día 3 de Enero) en Castrelos a las 9:00 de la mañana!!”
Menudo órdago… pero nadie dudó, todos embriagados por el reto apoyamos la moción mientras brindábamos por nuestro ingreso en el nuevo mundo del corredor.
Llegó el día 3 y estábamos a 3 grados en Castrelos. De los que brindamos sólo aparecimos 4. Comandados por Pakhili, único con experiencia en el arte del correr, allí nos juntamos el Gran Coco, una especie de ultradeportista especialista en machadas imposibles ya sea con zapatillas o con bicicleta, el Sr. Valeiras, dominador absoluto del noble arte de correr pero con un balón, sin duda todo un reto para él hacerlo detrás de una liebre y yo que era la primera vez que se me daba por correr (bueno recuerdo que hace dos años en una visita al Nike Store vi unas zapatillas que me habían gustado y me las compre para correr. Las usé un día…)
Hicimos 5 Km… muy despacio los primeros y en el ultimo se me dio por acelerar. Las sensaciones fueron muy buenas y quedamos con ganas de más.



Tanto es así que a la siguiente convocatoria, que fue el siguiente Sábado, vimos incrementados no solo el numero de km (8 en total) sino también el numero de “runners”. El gran Javi, jugador de rugby veterano con voluntad de hierro (para los deportes), el histórico Sanmartín (tan habilidoso en el arte de vender como en el del comer) y el enorme Xerome (taladrador de túneles y amante confeso de los placeres de la vida)
Fueron 8 Km, logramos hacer 5 km en grupo y como en la jornada anterior repetimos buenas sensaciones. Fue la ultima vez…
El tercer entrenamiento ya fue distinto. Abandonamos Castrelos por la climatología y nos exiliamos en el Berbés. Fueron 10 km, mis primeros 10 Km y sólo éramos tres…
Y llegó mi primera carrera. Acompañado de Pakhili debutamos en la Correndo por Vigo. Toda una experiencia en la que quedé definitivamente enganchado a esto.
El fin de semana siguiente… los del pupitre por una causa u otra se habían diluido con lo que empecé mi entrenamiento en solitario.
Lo de las carreras ya se convirtió en un fijo del fin de semana, intentando compatibilizarlas con el futbol veterano defendiendo las trece varas verdiblancas de nuestro entrañable CD Nieto.
Cayeron la carrera del Carnaval, la interruning de Porriño y llegaba el reto, la VigBay.
Un tiempo después el grupo creció y se unieron el Sr. Rada sinónimo de determinación. El último del pupitre en incorporarse a este mundillo, pero que ya ha anunciado que luchará por ser el tercer maratoniano del grupo en Valencia.
También se incorporó Ander. No había referencias de él pero en la San Antoniño se destapó como un corredor con potencial por descubrir.
C.A.R. MARISQUEIRO
De lleno en la vorágine esta del running y en la preparación de la Vig Bay, me enteré por uno de los compañeros del Nieto que corría en un equipo, en el que también estaba el cuñado del maestro “Pakhili”, que ese equipo organizaba una especie de PreVigBay.
Allí me fui. La verdad es que quedé encantado con la organización y con la gente y 3 semanas después estaban defendiendo “la negra” (como se conoce a la camiseta del equipo) en la VigBay.



Era la primera vez que corría en equipo y la experiencia fue muy buena, sin duda algo distinto a lo que es un equipo en otros deportes. Corrí con Pei (mi puerta de entrada al Marisqueiro) y con Fran (empezamos juntos, grandes compañeros de entrenamiento aunque el ahora vuela y vuela) 
Tras el primer reto aquello no paro. De lleno ya en la dinámica, empezaron a caer carreras de todo tipo, desde las típicas de asfalto (Media de Vigo, Eurocidade, Memorial Barros, etc...) pasando por las de orientación (Coruxo Movese) y hasta este nuevo tipo de carreras de obstáculos (Gladiator Race).
INTERIORIZACIÓN DEL MARATÓN
Entre medias llegó el Maratón de A Coruña. Los compañeros se desplazaron en masa. De sus crónicas y de sus fotos surgió en mi una primera leve idea de hacer el Maratón de A Coruña.
La llegada en María Pita donde tantos veranos pase y mi familia vivió, era un plato bastante sugerente como para despreciarlo.
El problema la distancia, imponer imponía y solo llevábamos 3 meses corriendo. Pensaba… tal como acabé en Baiona si me dicen que tengo que volver a Vigo no doy un paso más.
La interiorización de que era algo que tenía que hacer había surgido en mi, pero por esas fechas Abril 2015 lo veía francamente lejos.
Tan lejos como que dos meses después, creo que en la Eurocidade, el gran Marcos (cuñado de pakhili, gran corredor y ahora nadador) apareció con una camiseta que decía “yo soy maratoniano”
El mensaje fue muy directo. Sin interrupciones a la zona del cerebro que escoge los retos. Tenía que correr un Maratón. Quería tener el honor de llevar una camiseta como aquella, pero para eso había que correrlo.
Para reforzar mi inquietud, de repente a todos los allí presentes les entró las ganas de ir al Maratón de Sevilla… a Bruno, a Pahkhili!!! Hasta a el gran Coco se animó y envidó. Yo por supuesto también dije… “pues habrá que ir”… Era raro, semejante explosión de espontaneidad y sin digestiones de por medio..
LA DECISIÓN
Llegó el verano, físicamente y psicológicamente cansado (había corrido todas las carreras posibles) decidí parar, descansar un mes.
A la vuelta del verano (fin Agosto) me había anotado en otro pequeño reto con el equipo, las 24 horas de Vigo. Llegaba con ganas después de haber parado.
Una grata experiencia con un ambiente espectacular, llegué a los 26 km, aunque no fueron seguidos nunca había corrido tanto. Y en ese momento… fue cuando entendí que el camino a Coruña no tenía vuelta atrás.
Sevilla quedaba lejos y no era compatible con actividades paralelas que tengo que desempeñar los Domingos, así que el único sitio que me lo permitía era mi segunda ciudad… Coruña.
EL PREPLANNING
Vuelta a la carga y con un septiembre cargado (Xornadas Marisqueiras, Samil) fijamos fin de Octubre como la fecha de comienzo de la preparación, ya que según el calendario de la FGA la Maratón Atlántica caía el 17 de Abril.
La Media de Pontevedra y la Gladiator Race de Pontevedra pusieron fin a una etapa y sirvieron de prólogo para la preparación del reto.
Es difícil para un neófito en el arte de correr, como el menda, el poder entender todos esos plannings de preparación que hay en las redes.
Unos ponen tiempos pero no km ni ritmos, otros ponen ritmos pero no kms, otros hablan de circuitos con nombres raros, un mundo…
Todavía faltaban 6 meses y la mayoría de los planes comienzan entre 12 y 14 semanas antes del maratón.
Así que decidí empezar tranquilo con un planning del gimnasio en el que estaba.
Un día de cambios de ritmo, otro de series y otro de rodaje un poco más largo.
Un mes más tarde llegó la San Martiño. Espectacular carrera que para más inri despertó la expectación de mis compañeros del pupitre que se desplazaron todos en masa. Las sensaciones no podían ser mejores, MMP en 10 km.
Llegó el martes siguiente y cuando el entrenamiento tocaba a su fin comenzó la otra parte de esta aventura. La parte más frustrante para un deportista, la parte de la impotencia, de las preguntas, de los cuestionamientos, que estoy haciendo mal?, que tenía que haber hecho? Por qué ha pasado?
Primera microrrotura en los isquios.
Para ser más exactos después de la VigBay haciendo series ya había experimentado el lado oscuro de mi musculatura posterior de la pierna.
Hasta ese momento sólo alguna lesión muscular fruto del fútbol, pero no imaginaba que correr en línea recta a ritmo más o menos constante podía desembocar en problemas musculares.
No quería parar, al fin y al cabo parecía una sobre carga más que una microrrotura, pero era empezar y volver a resentirme. Así que me perdí 15 días y dos carreras.
Decidí poner remedio y lo busqué en unas mallas de compresión. El comienzo no puedo ser mas esperanzador, no sé si por efecto placebo o por el propio efecto de las mallas.
Volvimos en la invasión celeste, por lo menos sin malas sensaciones musculares, faltaban 20 semanas.
Todavía lejos del TOP de las 14 semanas que todos o casi todos los planes programaban, me propuse poco a poco adaptarme, así que cogí la primera semana: que creo que eran dos rodajes de una hora, un día de series y un rodaje largo el fin de semana y empecé a tirar por ahí.
EL RECONOCIMIENTO
El trabajo que había hecho en IFIT con Joan, Marcos y Adrián había sido muy bueno. Había cambiado mi cuerpo con una buena planificación de trabajo funcional incidiendo en la fuerza y el cardio.
Un año y medio después había sido capaz de correr tres medias maratones, dos gladiator race, y una carrera de larga distancia y  media docena de diezmiles, pero sobre todo había mejorado completamente mi forma física, dejando en el recuerdo aquellos momentos con los que comencé este relato, agarrado a un palo de una portería de futbol.
Ya había escuchado que dos compañeros del CARMA trabajaban con un entrenador, el mítico y olímpico atleta vigués Carlos Adán. Pero claro yo pensaba…
“¿A dónde voy yo? Estos son elite y yo… pues eso.”
Pero me encontré con un compañero de trabajo y hablando del Maratón surgió el tema de la preparación. Cuando me dijo que el también trabajaba con Carlos y me animó a que lo llamase, ahí ya tenía claro cual debería ser el siguiente paso.
El primero ya lo había dado en la primera de la series de lesiones. Buscando la recuperación más rápida descubrí la “Punción Seca” en la Clinica BIO de la mano de un compañero del mundo del fútbol, el “gran Israel” mago de las agujas y terror de los puntos gatillo.
EL MISTER
El 22 de Diciembre llamo al Pancho (Presi de las nécoras) para que hable con Carlos. Dos días más tarde me reúno con Carlos y me pongo en sus manos. Que mejor manera de preparar un Maratón que de la mano de un profesional y olímpico.
Tenía piernas, tenía ganas  y empezamos a tope. Las siguientes 16 semanas fueron duras.
Entrenamientos, viento, frio, lluvia, horas intempestivas, lesiones, etc… toda una experiencia.
Casi es tan duro preparar un maratón como correrlo.
3 meses antes del Día D, Carlos y yo habíamos señalado la media de Viana como la prueba para marcar el ritmo y estrategia de la Maratón. Hice MMP (1:34) aunque los dos nos quedamos con la sensación de poder haber hecho mas.
Al día siguiente salgo a descargar y unos calambres empiezan en el sóleo y acaban con 15 días más de reposo. Era la segunda lesión.
Desde ese momento añadimos una prenda más “las medias compresivas” y empezamos a correr con dolor en los dos tendones.
Nos recuperamos, pasé con buenas sensaciones la tirada larga de 32 km pero esa misma semana haciendo series llegaría la tercera. Los isquios otra vez se resienten y en total 13 días en el dique seco.
Es difícil asumirlo. Es difícil asumir el esfuerzo, la perseverancia, la ilusión, la renuncia y ver que no puedes correr contra tu voluntad.
De acuerdo con Carlos decidimos acabar con las series. El ritmo parecía claro. Carlos me decía que por cardio podía ir a 4:45 pero que muscularmente era una incógnita y que no quería arriesgar por lo que el ritmo debería ser 5:00 min/km.
Entendía su razonamiento pero me resignaba a no bajar de 5 min. Los siguientes entrenamientos mi cuerpo se adaptaba a un ritmo de 4:45/4:50 de manera que cada vez me costaba más bajar a ritmos que otrora frecuentaba con relativa facilidad como el 4:30.
Piernas pesadas, visitas al fisio semanales a medida que se acercaba la fecha lo único que me importaba era llegar sin lesiones.
Las últimas dos semanas fueron más psicológicas que físicas. En los entrenamientos funcionaba más la cabeza que las piernas. Cuando paré el reloj en los 8 km del último entrenamiento respiré de alivio. Había llegado a la línea de salida, algo que para mí tenía mucha importancia y uno de los objetivos más complicados de conseguir para un maratoniano.
Llegaba el día… atrás quedaron 94 entrenamientos repartidos en: 70 entrenamientos de carrera y 24 de gimnasio, 928 Km de entrenamiento, 3 lesiones musculares y muchas horas de dedicación.
La transformación era evidente, en un año había pasado de correr no más 20 km semanales, quedar tieso y necesitar una semana para recuperar, a correrlos 80 Km que hice alguna semana, recuperando bastante bien a nivel muscular. Pasar de 65 km en Febrero 2015 a los 227 Km de Febrero 2016  fue toda una experiencia.
LA ESTRATEGIA
La estrategia ya estaba preparada. El corazón me pedía 4:45. La cabeza, bien aconsejada por el mister me decía que salir a ese ritmo no garantizaba el principal objetivo que era llegar. Según el mister podía ir a 4:45, había entrenado para ello. Sin embargo los problemas musculares alimentaban las dudas sobre como reaccionaría mis músculos y la prudencia te susurraba un ritmo de 5:00 min, es decir 3 horas 30 minutos.
En mi cabeza se retenía aquel ritmo medio de 4:50  en 32 Km con bastantes buenas sensaciones, así que despejar las dudas llevó su momento.
Finalmente buscamos una opción intermedia entre el 4:45 y los 5:00 de ritmo, intentar rodar por debajo de 5:00 min/km para poder bajar de 3h 30 minutos.
Acordado el ritmo, la garantía llegó cuando Carlos me dijo que iba a llevar de liebre al gran “Pancho”. Experimentado maratoniano que había conseguido bajar de 3 horas un año antes en el mismo escenario y que hacía apenas 1 mes que había disputado un maratón en Italia.
Las estrategias generales de la carrera ya estaban listas, sólo faltaban los detalles.
Siguiendo algunos consejos y tal como había entrenado tenía claro los geles y los avituallamientos.
Para los geles opté por reponer en el momento en que su efecto cayese. Cambié el de cafeína que inicialmente tomaba antes de la carrera por tomar uno de cafeína en el Km 5. Ese me tendría que llegar hasta el Km 15 donde tomaría el segundo (sales). El tercero en el 25 Km también de sales y el último en el Km 35 (otro de cafeína para llegar a meta)
Beber siempre ha sido un problema, (en carrera) el agua fría y beber de botella para mi no era compatible. Así que me cojí una especie de danacoles con tapa, los vacíe y los llené de aquuarios. Pequeños botecitos de 6,5 cl que llevaría en mi riñonera (por cierto un gran descubrimiento) En total llevé 6 botes para tomar cada 5 km, empezando en el kilómetro 5, 10, 15, 20, 25 y 30. Mi idea a partir de ahí era beber lo que pudiese en los avituallamientos.
En principio todo lo que podía estar controlado, lo estaba y además entrenado, por lo que “sólo” quedaba mi respuesta… casi nada.
EL DÍA ANTES
El viernes me despedí de mis compañeros de trabajo que me dedicaron todo tipo de malos augurios, cariñosos claro está y probablemente merecidos.
Todo estaba preparado, pero no. Faltaba algo. Durante toda la semana daban mal tiempo para la maratón y con los antecedentes de la semana pasada en la VigBay me faltaba la última vuelta de tuerca, unos manguitos para el frio. Así que entre lo que quedaba del Viernes y el Sábado ese se convirtió en el objetivo. La verdad es que no fue mala compra. Liberan del frio y son cómodos.
Después de vueltas y vueltas por fin encontré unos que me acompañasen para tan largo viaje. Ya todo estaba ok.
El sábado intenté reproducir el desayuno del Domingo, Salí a estirar las piernas y preparé la maleta. Una doble maleta porque después de la Maratón tenía que hacer 220 km para llegar a las 15:45 a un pueblo al lado de Verín donde jugaba el equipo que entreno, el Gondomar CF.
Llegó el momento de irme. Mi mujer vino a despedirme y  me regaló un beso, faltaban las peques. Era raro.
De repente vienen corriendo. La mayor me da un abrazo enorme y me da una pulserita:
-       “ Toma papá, para que te acuerdes de mi”
Era una pulsera verde que ponía “Cuida de ti”. Semejante regalo solo merecía que me la pusiera en aquel instante y no me la sacase hasta terminar la carrera.



Llegó también la pequeña…
-       “Este es el mío, guárdalo”
Un peluche de Pepa Pig era un gran recuerdo aunque mas difícil de llevar en carrera ;)
Tres compañeros y yo nos fuimos a dormir a Coruña (Fran, Juan y Miguel en principio ellos decían que íbamos a ir al mismo ritmo, pero yo sabía que no, como así fue)
Quedaron para salir los 3 del mismo sitio y nos encontramos en el área de servicio de  San Simón. Fran se vino conmigo para hacer más llevadero el trayecto. Gran compañía la de Fran que curiosamente empezamos en el equipo en la misma época (aunque el ha logrado avanzar más rápido) y con el que compartí entrenamientos a horas intempestivas y con días ciertamente, climatológicamente hablando, muy desagradables. ¿Quién no se acuerda de los entrenamientos en Navidades bajo aguaceros y temporales de viento?
Decidimos ir directamente a por los dorsales. Allí coincidimos con el campeonísimo Abel Antón.
Nos quedamos a una pequeña conferencia que me fastidió el tio del aire acondicionado. Menos mal que llevaba la cazadora, porque al tio se le fue la mano y casi nos congela o por lo menos esa fue mi sensación.
Con lo mal que  me sienta el aire acondicionado, lo único que me faltó fue ponerme la capucha, porque me metí tan dentro de la cazadora que prácticamente no se me veía.
Terminada la clase magistral me despedí de mis compañeros y me fui a la casa que me había prestado un familiar donde iba a pasar la noche.
El día no podía ser peor, lluvia y lluvia, viento y viento, el clima ideal para un pre maratón.
Y además había que cenar. Aconsejado por tanta gente no sabía si tomar proteínas, cenar suave, hidratos o que… Buen lío tenía y además no tenía paraguas.
Salí andando y me fui hacia la zona de restaurantes en busca de pescado, llovía y llovía. Entré en uno, una especie de taperia restaurante. Mire  la carta y todo delicioso, pero pulpo, arroz de vieras, calamares, revueltos, croquetas…aquello no pintaba bien. Así que a lo práctico. Consulta a quién más sabía, el mister (que para eso había sido olímpico).
Su recomendación, pasta y allí no había. Así que me levanté de la mesa, me disculpé y me fui en busca de un italiano. Después de 3 pasos me acordé de un histórico herculino y para más inri en la misma plaza que al día siguiente intentaría conquistar… el Cambalache de la plaza María Pita.
Unos simples spaghettis con tomate, una estrella un chupito para el frio, unas fotos bajo la lluvia que me sacó el segurata con cara de cabreo en la línea de meta y para casa algo más que empapado.
EL DÍA D o la también llamada CRÓNICA DEL MARATÓN
6:00 am suena el despertador.
Comienza la rutina ya ensayada, nada de la mano de la improvisación. Ducha y desayuno, desayuno que había importado íntegramente de Vigo.
Zumo de naranja con nevadito (no podía faltar), ajo negro, café con leche de soja, tostadas con mantequilla y mermelada y listo.
Después de desayunar tocaba preparase para la carrera.
Un año antes, la  primera vez que salí a correr recuerdo exactamente lo que llevé:
-        Un pantalón de fútbol
-        La primera camiseta que encontré,
-       Una sudadera del Gondomar CF
-       Y unas zapatilla Nike que compré en un outlet, que las había utilizado sólo una vez y que no tenía ni idea si eran para pronadores, supinadores, mixtas, rápidas, lentas o lo que fuera. Eran blancas, eso sí.
Cualquier parecido de este primer día con el día D en cuestión era mera casualidad.
-       La camiseta era de asas y del equipo, por supuesto.
-       El pantalón de fútbol fue sustituido por unas mallas de compresión.
-       La sudadera del Gondomar por una del CARMA (equipo)
-       Además los calcetines blancos de deporte de toda la vida de 3€ 6 pares, habían sido sustituidos por unos técnicos negros de 10€ el par.
-       Debido al entrenamiento y a los problemas del sóleo y Aquiles que tuve durante la preparación, no podían faltar las medias de compresión.
-       Como había que llevar avituallamiento la solución fue llevar un cinturón…
-       Por supuesto la ultima “boca” en incorporarse a la familia, los manguitos…
Nada que ver como se puede comprobar.
Lo de las zapatillas era un tema a parte. Mi problema con las zapatillas deportivas y las uñas es ya un clásico. Hasta ese día usaba un compeed para una uña de cada pie, la que se veía afectada. El día del Maratón decidí vendar todos los dedos  aplicando la lógica de la distancia. Este “error” me sirvió para mantenerme distraído unos cuantos Kms.
Llené las botellitas con Aquarius hice una pequeña mochila con una sudadera y una camiseta y me fui para la salida.
Apenas 500 metros de caminata… el día había cambiado radicalmente. No había frio (si fresco), ni lluvia, ni viento… aquello parecía una ciudad del levante.
Al llegar lo primero que me encuentro es a mis compañeros del CARMA que habían llegado andando desde el Hotel.
4 pasos más y de frente contra mis compañeros del equipo GLADIATOR de “Galicia en Goles” Xoan Galán director del programa y que participaba en el 10 km y el gran Miguel Lameiro, capitán del equipo y encargado de narrar y cantar los goles de los equipos de 2ªB de Ferrolterra.
Aquello asemejaba a correr como en casa. Sobre todo cuando llega el CARMA coche que había salido a horas intempestivas desde Vigo. Allí llegaron el Mister Carlos, La Liebre y presidente Pancho (fenómeno mediático allá donde va), el gran Lamas al que al final pudimos convencer y que se nos iba a unir a nuestra grupeta y Bruno que también iba con la misión de ayudar a Juan, Fran y Miguel. Como se puede ver todo organizado.
Toda cita importante conlleva la visita de esos bichos estomacales (mariposillas queda un poco así…), así que les llamaremos lagartos que empezaban a moverse por el estómago. Había ilusión pero también había respeto por la enjundia del reto al que me iba a enfrentar.
El foco atencional intenté mantenerlo amplio y externo, no quería centrarme en mis sensaciones, simplemente disfrutar de una ciudad que conocía muy bien y de una inmejorable compañía.
Sin embargo la cabeza de acuerdo con los pies estaban empeñados en impedirlo. Ya situados en la línea de salida lo de las protecciones no lo veía claro. Así que casi sobre el bocinazo de salida me desaté las zapatillas y me quité los apósitos ante las voces de mis compañeros que amenazaban con atropellarme.
Por fin liberados los dedos y después de los abrazos correspondientes tomamos la salida en los Cantones.
Aquí entra en juego por primera vez la pulsera verde de mi hija mayor. Cuando salimos la besé por primera vez a modo de ofrecimiento familiar de semejante esfuerzo a realizar. Sin duda fue uno de mis grandes apoyos en carrera.
- Km 1 (4:46): Salida por los Cantones, dirección Juana de Vega y el Orzán. Las sensaciones iniciales eran como de casi no correr. El objetivo estaba claro, ir por debajo de 5:00 para bajar de las 3 horas y 30 minutos.
- Km 2 (4:52): Nuestro grupo lo tiene claro. Nos empieza a pasar la gente pero  “Il capo” Pancho domina los tiempos. Nos quedamos Pancho, Lamas y yo, prácticamente los que nos mantuvimos unidos toda la carrera. Mi atención basculaba frenéticamente del interior al exterior. Seguía con los dichosos dedos, preguntándome si mi ultima decisión no influiría en el final de la carrera. Por otro lado disfrutaba del Orzán, probablemente la playa que más he frecuentado y eso que en Coruña es difícil esto de ir a la playa.
- Km 3 (4:43) Mi objetivo era saber dónde había que dar la vuelta. Este Km y el anterior picaban hacía arriba, pero a estas alturas el ritmo no se notaba. Seguía con la sensación de correr cómodo aun cuando mi mente visitaba de vez en cuando a los dedos de mis pies.
Sobre este Km más o menos empezó el “show” Pancho, dicho de la manera más respetuosa e incluso acompañado de admiración. Al pasar por el primer avituallamiento me doy cuenta que uno de los voluntarios lo saluda y lo llama por el nombre. Sería el primero de muchos.
- Km 4 (4:45) Ya habíamos girado y comenzamos a bajar. Los 3 grupos de música apostados a lo largo del paseo empiezan a desperezarse. Los primeros corredores nos empiezan a pasar y se quedan sorprendidos por el ritmo de Pancho.
-       ¿Qué te pasa le preguntaban? Mientras le saludaban y sonreían parecía que con la satisfacción de dejar atrás al mítico presidente del CARMA.
Yo maginaba su respuesta mientras escuchaba aunque el nunca lo dijo…
-       “Pues estoy haciendo de liebre del tio este de atrás que va dándole vueltas a sus dedos…” Esa debería ser su respuesta.
- Km 5 (4:47) Llegó el primer punto del plan. Objetivo hidratarse con un botellín de aquarius y tomar el primer gel, este con un poco de cafeína. El ritmo se mantenía.
Pero antes, una de las anécdotas de la carrera. Un compañero de Ourense reconoce a Pancho y nos suelta…
-       “No puede ser, adelantando a Pancho en un Maratón. Esto merece un selfi”
Lo que no esperábamos los allí presentes, es que sacase un móvil de su cinturón y nos hiciera un selfi.



- Km 6 (4:53) Llegamos a Riazor más pendientes de la clase de Zumba allí programada que del avituallamiento. Eran momentos de una focalización totalmente externa. La presencia de Lamas sin duda ayudaba a eso.
- Km 7 (4:43) Manteníamos el ritmo, la verdad es que cómodo. Pasamos por primera vez por el reloj que marcaba el punto de la media maratón era la zona con más gente y donde más sentimos su animo.
Fue el segundo momento donde besé la pulsera de mi hija. Cada vez que la besaba llegaban los pensamientos positivos. Las sensaciones son difícilmente describibles. Era como un escalofrío que me recorría todo el cuerpo, era mi “gel psicológico”
A todo esto  Pancho seguía recogiendo la admiración del público y de los corredores. Animo y palabras de agradecimiento que siempre devolvía con un gracias o con un aplauso. Yo, mientras asistía a este orgasmo empático  entre el público y un corredor “vigués” que corría a mas de 150 km de su ciudad.
Mientras tanto comenzábamos el camino de la otra parte de la península, tal vez la mas fea para el corredor y la más difícil.
- Km 8 (4:48) Pancho controlaba todo y como pasa en el ciclismo, los experimentados corredores sabían la “rueda” que había que coger. Así que se formó una pequeña grupeta en la que se fue adhiriendo gente. Gente que no conoces, pero que con el paso de los Kms acabas compartiendo charla y sufrimiento. Un amigo portugués de Pancho, un amable veterano coruñés y dos corredores más con los que hicimos la mayor parte del Maratón.
- Km 9 (4:51) El tema de los dedos se cerraba poco a poco y se abría otro, comenzaban las molestias que durante los últimos dos meses de entrenamiento me habían acompañado, el tendón de Aquiles.
- Km 10 (4:47) Entramos en la parte del puerto, toca la segunda botellita de Aquarius. De fuerza vamos bien. Se paran a “descargar” el gran Lamas y el gran Lameiro y me surge la duda si acompañarlos. Decido no hacerlo para no desgastarme. Esta parte del recorrido para mi es desconocida. Me sorprende una especie de ducha para refrescarse, curiosa pero no la use…
- Km 11 (4:55) En este momento aún recuerdo cuando Pancho me preguntó como iba. Le comenté lo de mi talón… quedaban 34 Km, a saber lo que pensó…
En ese momento los refuerzos positivos eran muy importantes y prácticamente me había propuesto besar la pulsera cada km y así lo estaba haciendo.
- Km 12 (4:58) Salimos del puerto y volvemos a “territorio comanche” volviendo por la Avenida del Ejercito. Logro controlar el dolor en el tendón.
- Km 13 (4:52) Ya en el centro de la ciudad, son Km de disfrutar, de gente animando y de Pancho animando a la gente a cada km que pasaba, cada gesto, cada palabra de animo de la gente me demostraba que este corredor estaba en otra dimensión, corría en otra categoría en la que no ganaba el tiempo, ganaba el carisma y ahí estaba él haciéndome de liebre, desde luego todo un lujo.
- Km 14 (4:42) Primer tercio de carrera y primer paso por la línea de salida. En este caso teníamos un objetivo claro que no era otro que el locutor dijera “CAR Marisqueiro” cuando nos viese pasar bajo la pancarta. Lo conseguimos.
- Km 15 (4:42) Comenzábamos la segunda vuelta y las sensaciones de la primera fueron bastante buenas. Era el mejor momento. Ni dedos, ni tendones ni isquios. El cuerpo fluía, iba bien y cómodo. Además habíamos conseguido el objetivo de bajar de 5:00 en todos los kilómetros.
Con todos estos pros llegó el segundo gel, esta vez uno de sales minerales y el tercer botellín de aquarius.
- Km 16 (4:44) Marcábamos ritmo como un reloj. El grupo se mantenía unido. No sabía que nexo de unión había entre todos, seguramente un ritmo cómodo y la compañía, correr 42 km solos debe de ser muy duro.
- Km 17 (4:57) El circuito no sólo te permitía vivir tu carrera, sino también vivir la de los demás. Primero nos cruzamos con un Miguel Angel espectacular a ritmo de sub3 y que se había despegado del grupo con el que había salido. Los consejos de Pancho en la lejanía parecían no encontrar receptor, porque Miguel iba e iba a más y detrás de él, llegaba el grupo de Bruno, Juan y Fran que marchaban sin problemas.
También nos cruzamos con otras nécoras como Begoña (única representación femenina del CARMA en carrera) o como Montxo.
Reconocimiento a parte merece la doble carrera del “mister”. Iba más atrás como liebre de un atleta suyo pero no hubo vez que nos cruzaremos que no me preguntase como iba o que no me obsequiase con una palabra de ánimo. Sin duda el trabajo de Carlos, antes y durante la carrera fue de 10.
- Km 18 (4:52) Empezamos a bajar y las sensaciones seguían siendo buenas, pese a ello no dejé de trabajar mi cabeza y aprovechaba para alimentarla de pensamientos positivos, con mi familia siempre en mi cabeza. Era energía positiva que estaba seguro que más tarde necesitaría.
- Km 19 (4:42) Camino de Riazor los grupos de animación comienzan su actuación, alguno cumple su cometido, otros en vez de tocar animaban y luego había uno de esos cantautores que… mejor encajaría en una sesión de melancolía que en una carrera de superación.
- Km 20 (4:52) Llegamos al templo del fútbol coruñes convertido en templo de la zumba, invadido por cientos de aficionados a tan noble propuesta deportiva. Como cada 5 km tocó botecillo de aquarius y tirar para llegar a la media.
- Km 21 (4:46) Pasaban de las 10:15 de la mañana cuando volvemos a pasar por Juana de Vega dirección la avenida del Ejercito. En ese punto estaba marcado la media maratón. El grupo lo formábamos 8 corredores, ya que el compañero portugués amigo de Pancho se había descolgado.
De los 8 que estábamos, 3 éramos los CARMAS, un señor oriundo de Coruña (con el que criticamos el estado del asfalto) y que no era ningún chaval (miraba para él y pensaba… “ole tus cojones”) También nos acompañaban dos rockeros, uno a la vieja usanza al mas estilo Rosendo (creo que era de Ourense) y otro con gorra y gafas de sol con el que compartí desafección hacía el cantautor de riazor que buscaba con ahínco que “nos cortásemos las venas”
Completaban el grupo dos chicos más que ni se inmutaron, cogieron ritmo y allá iban.
1:43:32 fue el tiempo de paso por la media. Cuando pasamos por ese punto, la sensación de que estábamos haciendo las cosas bien y en tiempo, fue plena. Habíamos alcanzado la mitad del objetivo con 1’30 de colchón.
- Km 22 (4:36) Mientras yo km a km me tomaba mi gel “psicológico” Pancho seguía a lo de él. Al más puro Al Pacino, comandaba el grupo, marcaba el ritmo, animaba al publico, recibía elogios, saludaba a los compañeros, en fin… todo en uno.



- Km 23 (4:46) Las sensaciones seguían siendo buenas, sabía que entrabamos en la zona menos agradecida del recorrido y había que preparase.
- Km 24 (4:37) Seguíamos acumulando Kms y en mi cabeza se asentaba la idea que todavía estábamos en territorio comanche y que los 24 km ya los había hecho otras veces sin problemas.
- Km 25 (4:59) Dos motivos fundamentan el pequeño descenso del ritmo. Primero el avituallamiento, toco gel de sales y botellín. Y en segundo lugar que Pancho paró a quitarse una piedrecilla de las zapatillas. Saber si llegaría a meta sin parar a descargar fue en esos momentos mi gran duda. Según mi lógica lo que bebía salía por el sudor, pero no tenía todas conmigo así que decidí no parar y encomendarme a mi organismo para aguantar hasta meta. Pancho paró y entre Lamas y yo tiramos del grupo.
- Km 26 (4:39) A lo lejos asomaba el mister que incluso se permitió el lujo de preguntarme como estaba. Yo levanté el pulgar hacía arriba en señal de que “ir, íbamos, como podíamos”
- Km 27 (4:49) Nos manteniamos los 8, era como si todos corriéramos a lo mismo. Entramos en los cantones y mis sensaciones son mejores de las que podía imaginar.



- Km 28 (4:42) El paso por línea de meta indica que sólo nos queda una vuelta más. El comentarista ya nos nombra sin nosotros buscarlo, esta vez importa menos que la anterior. Lamas dice algo como que… “ahora a descontar” … o lo soñé?
- Km 29 (4:36) Hacemos la transición hacía la zona del Orzan, mi cuerpo empieza a notar el cansancio. Otra vez la pulsera, otra vez la familia, otra vez las niñas, otra vez el escalofrió que recorre mi espalda, otra vez intento mover las piernas un poco mas rápido, otra vez aprieto los dientes, otra vez pienso que hay que sufrir hasta el final.
- Km 30 (4:59) Llega otra vez el avituallamiento. Según el planning dejaré el aquarius y beberé la bebida azul esa que daban en los puntos de hidratación. Estamos subiendo en la que era la ultima parte dura, a nivel recorrido, antes de dar la vuelta al Acuario. Mi cabeza pide bajar, buscando un punto de mejoría y de descanso. Mientras tanto el cantautor seguía martilleando nuestra moral con canciones demasiado mundanas y terrenales, cuando uno lo que realmente buscaba es la adrenalina de la heroicidad, la garra de quien no se rinde y de quien sueña. Pero claro esas sensaciones salen con melodías más del estilo “Thunderstruck”.
El comentario de mi compañero rockero de gafas de sol y el mio sonaron al mismo tiempo con un “vete a tomar por culo” dirigido al señor que se postraba delante del micro.
- Km 31 (5:03) Finalizada la subida y comenzaba la bajada. A duras penas me mantengo en el grupo. Comienzo a bajar y me empiezo a arrepentir de no haber comido nada. Me entra el mono del plátano, de la naranja, del níspero, de todo… Beso otra vez la pulsera, busco ese rincón de mi cabeza de donde salga la fuerza. Me empiezo a dar cuenta de que algo no va bien.
- Km 32 (4:48) Las piernas ya no pueden seguir el ritmo del grupo, era como si no dieran más, todavía no había dolores musculares limitantes, pero la sensación era como si no las pudiese mover más rápido. El grupo se da cuenta, Pancho se da cuenta, inmediatamente se pone  mi lado y me grita
-       “Tu aquí a mi lado, vamos”
Mi primer pensamiento fue de empatía con los jugadores que entreno y con los que he entrenado. De repente los entendí a todos, o casi todos… Cuantas veces había hecho yo de “pancho” pidiendo algo que parece tan sencillo pero que no lo es.
Al mismo tiempo comprendí la esencia de la situación y de que así tenía que ser.
- Km 33 (4:45) En el argot ciclista iba haciendo la goma, no me distanciaba pero cerraba el grupo. Sin embargo los ritmos los íbamos manteniendo por lo que llegue a pensar que había una parte del grupo que quería más.
En ese momento sólo tenía un objetivo y así se lo dije a Pancho.
-       “Quiero fruta, necesito fruta”
Pocas veces tuve tantas ganas de comerme un plátano o una naranja. El objetivo era llegar a Riazor donde estaba el avituallamiento.
- Km 34 (4:49) De repente Pancho me pregunta.
-       “ ¿Qué quieres?”
-       yo farfullé… “plátano”
Como si estuviésemos en el Km 10 de carrera cambió de ritmo, esprintó y acabó con todo el plátano que estaba en la mesa.
Se gira y me lo da como si fueran gominolas o cachuetes, todo para dentro.
Mi gozo en un pozo, desde ese momento sabía que el plátano no tenía super poderes. porque aquello siguió de manera muy similar.
- Km 35 (5:04) En aquel momento el grupo se empieza a romper, los dos rapados quieren más, el señor mayor ya se había quedado, el Rosendo del maratón también.
A los ánimos de Pancho se les unen los del compañero rockero de la gorra y las gafas de sol que con un “ vamos adelante” me sorprende. Dicen que la música une y aquel momento de “cortarse las venas” fue suficiente para tal ejercicio de empatía.
Tomo mi ultimo gel de cafeína y mi ultimo botellín… “Alea iacta est”
- Km 36 (4:50) Estaba claro que nos quedaba lo peor. Nos quedaba la zona más fea, de asfalto más quebrado, de soledad, de sufrimiento. De repente los cuádriceps empezaron a sufrir el efecto bizcocho. Me sentí como un bizcocho en un horno. Calor, mucho calor e hinchazón. Aquello iba mal y comenzó el espectáculo Pancho. La escena era curiosa, sólo quedábamos los 3 CARMAS, unos por delante y otros por detrás nos habían dejado en la soledad.
Lamas, 3 metros por delante de Pancho y de mi. No se sabía muy bien cual era la estrategia, si el ritmo no le llegaba, si quería tirar, si buscaba oxigeno para respirar, si no quería escucha a Pancho… Y es que Pancho corrió dos km de lado. Animando y tirando, todo un ejercicio de psicología. Tenia mi psicología externa y mi psicología interna en forma de pulsera verde.
- Km 37 (5:04) “Quedan sólo 5 Km para la meta, para la gloria” me decía no sin razón Pancho.
Y por delante Lamas.
Lamas es un competidor por excelencia. Sabe sufrir, sabe competir y sacar lo mejor de si mismo en cada carrera.
He entrenado muchas veces con él. Parece que va muerto, que si el ventolín, que si el viento sobre su despejada cabeza… pero al final siempre está ahí. Lo pude comprobar en la media de Viana, en la de Pontevedra o sin ir mas lejos en el Maratón. Fue sin prepararlo, habiendo hecho la VigBay la semana anterior y ahí estaba él, tirando del grupo siempre metro y medio por delante de Pancho y de mi.
Sin duda Lamas es parte muy importante para mi en el CARMA, como lo fue y lo es mi compañero Mikel con el que tantas carreras hemos corrido juntos y como lo fue Pancho por su gran trabajo en Coruña.
- Km 38 (4:59) De repente un grupo animoso de gente se nos acerca. Un corredor con una pegatina que pone “LIEBRE 3:30”nos adelanta y nos anima a que les siguiéramos.
Mi cabeza no lo entendía. Como iba a ser ese el ritmo de 3:30? Es cierto que no íbamos en el mejor momento pero habíamos bajado de 5:00 min en 36 de los 38 Km que llevábamos.
 Mi cabeza se resignaba a pensar que se nos estuviese escapando el objetivo de bajar de 3:30.
La idea de que algo fallaba en aquella liebre también era compartida por Pancho que seguía acudiendo sin parar a todos los mensajes y palabras positivas que puedes leer en un libro de psicología.
- Km 39 (4:57) Logramos mantener milagrosamente el ritmo por debajo de 5:00 camino del avituallamiento. Pancho se vuelve a adelantar y nos espera para darnos fruta y bebida.
Las piernas no van o no parecen ir. El pensamiento de que solo quedan los 3 últimos kilómetros intenta ayudar aunque no es fácil. En mi cabeza sólo un objetivo que era bajar de 3:30.
Lo que recuerdo de ese momento es que a Pancho le decía constantemente “Llévame por debajo de 3:30” como consiguiese seguirlo ya era harina de otro costal.
En esos momentos se pasearon por mi cabeza todos los entrenamientos y el esfuerzo realizado, era el momento de sufrir y por si me olvidaba tenía a Pancho que cada 2 sg soltaba una frase motivadora…
- Km 40 (5:18) El ritmo caía también influenciado por el avituallamiento. Carlos Adan se cruza y me grita “Vamos que ya está”
Había que sufrir, sólo dos Kms y luego los 195 metros de gloria.
Realmente lo que quería salir era de esa zona y encarar la avenida del Ejercito, prólogo de la entrada en los Cantones.
- Km 41 (5:01) Salimos de Oza, las piernas no se sentían pero la meta estaba ahí. Recuperamos ritmo, con la misma idea,  bajar de 3:30. Era lo único que le decía a Pancho.
El objetivo era terminar, pero eso valía para el aprobado. Si quería nota necesitaba cumplir el objetivo de tiempo propuesto.
Mi cabeza seguía pensando que la liebre no iba en tiempo. Nuestros parciales así lo indicaban. Miraba mi reloj y las cuentas me salían faltaban dos kms y si manteníamos el ritmo teníamos que terminar por debajo de los 3:30.
- Km 42 (4:43) En el ultimo km ya no corrían los cuádriceps, recobramos los ritmos de toda la carrera y justo antes de entrar en los cantones nos encontramos a la liebre casi parada… me dieron ganas de decirle algo. ¿A cuantos corredores habrá dejado por el camino lejos de su objetivo por haberlos llevado fuera de ritmo? Sin duda no fue un buen trabajo por su parte.
La gente aunque no se agolpaba, si que se notaba su presencia… de repente una mujer nos grita… “Vamos Marisqueiros de Vigo”
¿En Coruña? Pensé yo.
Lo que estaba claro es que el atletismo es distinto. En los aficionados, en el compañerismo, en las sensaciones… jamás, y llevo toda la vida en el deporte, he notado las sensaciones que estaba teniendo.
Llevar el cuerpo al limite, sentir que no puedes más, doblegar a los pensamientos negativos, el refuerzo positivo, la superación, el entrenamiento, la perseverancia, el dolor, las lesiones, los desengaños (el fracaso en deporte creo que es una palabra que no tiene cabida).
Pero faltaba todavía… de repente empiezo a respirar con dificultad, mi cabeza inmediatamente me llevó a un problema, pero rápidamente distinguió.
Era la emoción, esa emoción que no me dejaba respirar, sabía que llegaría, sabía que bajaría de 3:30, disfrutaba del momento, de todas las veces que había jugado por allí, de las veces que había transitado por aquellas calles con mi familia, con mis amigos y aun quedaba la entrada en María Pita, plaza donde nació mi padre y donde mi Abuela vivió tantos años.
Con el Rio Tinto, el Rialto, el Cambalache, la calle de la Franja, el Ayuntamiento, tantos y tantos recuerdos que me dificultaban la respiración.
Y sobre todo mi recuerdo para mi mujer y mis hijas, para todas las horas dedicadas, los sacrificios… todo recobraba sentido, todo valía.
- 195 metros. No se cuanto tarde en recorrerlos. Entrabamos en la Marina miré a mis compañeros les agradecí su esfuerzo, estaban allí por mi y eso es un lujo nunca del todo agradecido.



Enfilábamos los tres la entrada en Maria Pita, Pancho en su línea, agradeciendo y aplaudiendo a todo el mundo. Lamas y yo… si la cara es el reflejo del alma pues sobran las palabras.



Los últimos metros de María Pita fueron para disfrutarlos, no era necesario llegar rápido (el objetivo estaba cumplido) fue tiempo para abrazarnos, para chocarnos las manos, para agradecer a mis compañeros todo su apoyo y por supuesto fue tiempo para besar por ultima vez la pulsera verde que mi hija Antía me había dado.




Al contrario de lo que me imaginaba no hubo lagrimas al acabar, hubo alegría y celebración al más puro gol en el último minuto (deformación profesional).

Pero no se equivocó quién auguraba estas lagrimas, estas estuvieron presentes, pero aparecieron 195 metros antes y fueron interiores… Lloró el alma…



Senso nullun dolorem, nullum gloriae.

JABU

lunes, 9 de mayo de 2016

A la tercera fueron los 101


La tercera era la vencida o la última. Así nos planteamos Pi Costas y yo su asalto definitivo a la distancia mítica de los 101 Km Peregrinos/24 h. XCSI (por el Camino de Santiago de Invierno, para los legos en esta abreviatura).

El primer año, hace ya tres, ella se tuvo que retirar por unas ampollas terribles en ambos pies en Puente de Domingo Florez (que en aquella edición estaba en el km 36) y yo continué hasta terminar acompañando a otros 3 compañeros del C.A.R. Marisqueiro (Miguel BM, Francisco Serrano Cantalejo y Roberto García) en 21:43:19 a base de tirar de bastones.

Hace dos años, la segunta intentona, fracasamos porque el ritmo que habíamos elegido para afrontar la distancia no era suficientemente rápido para los organizadores de la prueba, que nos hubieran retirado de buena gana otra vez en Puente de Domingo Florez. En lugar de quedarnos, subimos aún durante hora y media hasta la famosa pizarrera de San Pedro de Trones para tomar un supuesto bocadillo de jamón, que sería lo primero medianamente salado que se nos hubiera servido en esa ocasión. Sabíamos que, de no aumentar el ritmo, sería imposible llegar a meta en el tiempo establecido, y asumimos nuestra derrota contra el crono y el calor sofocante que nos acompañó hasta ese km. 56.

Este año, y con uno sabático de por medio, mi adorada Pi Costas se planteó un montón de cuestiones e hizo varios firmes propósitos antes de afrontar el reto:

- En primer lugar, decidió empezar a entrenar con más tiempo en el gimnasio para fortalecer sus piernas.

- En segundo lugar, decidió participar en más trails cortos para acostumbrar mejor que antes sus pies y su cuerpo al monte. Como le dijo el Gran Mestre de la Confraría Trotamontes, José Moutinho, “al monte se le vence haciendo monte”. En esta línea compartió kilómetros de risas, barro, polvo y piedra con amigos excepcionales como José Enrique Fernández Araújo, Carlos Honda y Susiño GZ.

Con Susiño GZ en el Trail polas Cabeceiras do Anllóns (Laracha)

- En tercer lugar, experimentó como hasta ahora no había hecho lo que es correr a la luz de un frontal en plena oscuridad, algo a lo que aún mostraba ciertos recelos. El Trail Nocturno Terras do Lidador fue para ella una prueba superada con éxito que le dio alas para lo que nos esperaba a finales de abril.

- En cuarto y último lugar, probó a hacer una tirada larga por caminos semejantes a los que le esperaban en tierras leonesas, y para ello hizo con su entrenador y compañero del Galicia Maxica Trail Adventure, Jeff , un tramo del Camino Portugués a Santiago. De Caldas de Reis a Compostela sufrió más de lo esperado, pero con ello también aprendió a gestionar los momentos de dolor, sufrimiento y bajón que a veces se nos cruzan en las ultradistancias.
Con Jeff tras haber hecho el Camino de Santiago

Con todo este material fïsico y mental acumulado en la maleta de la experiencia y en mi humilde compañía, partimos hacia el Bierzo, donde compartiríamos aventuras y muchas cosas más con un grupo de gente maravillosa: Mónica López, Jose Maria Cañamares, Micha Callejo Allué y Emiliano Fernández.

Con Mónica López, Jose Maria Cañamares, Micha Callejo Allué y Emiliano Fernández en la cena de la pasta
Vaya par de dos!!! Como cabras!!!
La idea, para terminar la prueba de una vez por todas, era bien sencilla y al mismo tiempo difícil de mantener, tal y como nos había sucedido en la última intentona. Se trataba de sostener un ritmo más o menos constante de 5 km/h que nos permitiera invertir en hacer los 101 km que teóricamente tiene la prueba en 20 horas y poco... y destinar el margen de 4 horas para paradas técnicas, avituallamientos, algún cambio de ropa y cualquier otro imprevisto.

Todo preparado para la mañana siguiente.


Habíamos estudiado por encima el recorrido y el perfil, ya que una carrera de tanta distancia y duración conviene tenerla al menos ligeramente vista, y nos encontramos con que hasta el km 43 prácticamente se repetiría el recorrido de la segunda de nuestras incursiones en tierras bercianas, excepto justo antes de Las Médulas, donde se había eliminado un tramo espantoso de dos km por asfalto y, a cambio, se nos habían metido varios más de monte. Luego, hasta Puente de Domingo Florez, todo igual de conocido.

A partir de ahí empezaríamos un tramo de subida que yo ya había tenido el placer de experimentar (y sufrir considerablemente) el primer año, cuando ella tuvo que retirarse, así que ya nos hicimos una composición de lugar: la prueba empezaba realmente a partir de ese punto. Desde Puente de Domingo Florez tendríamos casi 30 km subiendo prácticamente todo el rato excepto un par de tramos cortos de bajada, por pistas de tierra con una inclinación que no hacía el ascenso demasiado duro. Eso sí, la monotonía de la subida podría ser un serio problema para la cabeza de alguien que llegara ya cansado... y aún más de noche, como sería nuestro caso.

Luego, a partir del km 73, contaríamos con un tramo de unos 10 km basicamente de bajada, hasta llegar al cierre del bucle -Santalla del Bierzo- donde volveríamos a desandar la parte común de ida y vuelta de la prueba, de unos 15 km. aproximadamente. Esa parte común ya era una zona conocida y contaba con un par de bajadas fastidiadas y tres subidas duras, una de ellas especialmente larga. Los deberes previos a la prueba ya estaban hechos, así que otro tanto a nuestro favor.

Con todo estudiado nos plantamos en la pista “Colomán Trabado” desde la que sale la prueba. Justo antes de partir nos hacemos las fotos de rigor con los amigos que nos acompañaban y con otros correlegas y conocidos del mundillo trailero gallego: Guti, Magono, Carlos Honda, Pipe... más de uno se nos quedará en el tintero seguramente. No da llegado el momento de partir, y eso que las bicis llevan un rato circulando por las calles de Ponferrada. Por fin, con quince minutos de retraso salimos y afrontamos con calma las primeras rampas ya que la experiencia, que en este caso es un grado y medio, nos dice que mucha gente sale con mucha alegría que luego habrá de pasarle factura en los últimos tramos del recorrido.
Pipe, Guti, Magono, Rubén... y nosotros dos en el pabellón antes de salir.
Con Guti y Magono en la pista "Colomán Trabado"
Con Mónica López, Jose Maria Cañamares, Micha Callejo Allué y Emiliano Fernández a puntito de salir
Con el admirable y único Carlos Honda

Con la cabeza bien centrada en nuestro objetivo afrontamos los primeros kilómetros sin demasiadas complicaciones si exceptuamos una de las subidas del tramo común, llena de un barro profundo en todo lo ancho del camino que hizo que los ciclistas y marchadores que nos precedían hubieran creado un camino paralelo en un prado. A la vuelta ni el camino ni su alternativa iba a estar mejor ya que la mayor parte de los 3000 participantes habrían vuelto a pisotear ambas zonas. Mejor ni pensarlo... ya llegaría el momento... si llegabamos, claro!.

En alguna de las bajadas incluso nos animamos a soltar un poco las piernas, cuando la inclinación no era tanta que pudiera cargar las rodillas. Precisamente en una de esas bajadas una pareja de mujeres andarinas con sus bastones nos llamó la atención sobre mi mochila abierta. Arreglamos el tema y seguimos, pero algo hizo que volvieramos a encontrarnos en una subida y entablamos conversación.

Ese fue el principio de una aventura de 93 km compartida con una de ellas, Rosa María Carballo Prieto, la madre, que nos acompañó desde ese momento hasta cruzar la meta en Ponferrada. La hija, Araceli Guerra Carballo, tenía previsto, bajo estrictas órdenes facultativas, abandonar la prueba en torno al km 40, así que hasta Puente de Domingo Flores se nos vino.
Nuestras amigas Rosa Maria y Araceli en el avituallamiento de Las Médulas

¡Que dos mujeres! Si buena era una, apasionada del mundo griego y de las carreras de obstáculos tipo Spartan Race así como de las pruebas de larga distancia, mejor era la otra, que contaba con una dilatadísima experiencia en diversas especialidades atléticas (maratón del Sahara, medias maratones...) y de ultrafondo (decenas de caminatas por todo lo ancho y largo de la piel de toro).

Madre e hija mantenían un ritmo constante con sus bastones y, como se acercaba infinitamente al que nosotros mismos llevábamos, continuamos como si tal cosa pasando avituallamientos, valles, cuestas conocidas y desconocidas... adelantando gente y cediendo el paso a algún que otro participante... y así llegamos a las 18:00 a Puente de Domingo Florez.

Al llegar al pueblo donde Pi se había quedado la primera vez y donde casi nos hacen quedarnos la segunda, estabamos satisfechos no sólo por no ser los últimos en llegar, sino por haber hecho los teóricos 43 km en 8 h 15', lo que suponía un ritmo algo superior al previsto de 5 km/h.

Allí me cambié el calzado y los calcetines ya que, además de sucios y húmedos, nos quedaba una larga tirada por delante -mayormente de noche- y comimos un plato de macarrones con tomate que habían preparado los soldados del RALC 62 pertenecientes al acuartelamiento de Astorga, y que se encargaron de una parte importante de los avituallamientos más complicados de atender.

Mis viejas Mizuno Wave Ascend, con las que hice mi primer Ultra Trail, recibieron con honores una despedida en condiciones y metí en la mochila la ropa que consideré oportuno incluir para el frío de la noche que en pocas horas se nos echaría encima.
De mi Ultra Geira Vía Romana a los 101 Peregrinos (R.I.P.)
Pili por su parte, comió un poco, se sentó por fin un ratito, y ni siquiera cambió calzado ni calcetines. Sus teorías eran que, si se sentaba mucho tiempo luego no sería capaz de continuar, y que, como nada le había hecho daño hasta el momento en los pìes ¿por qué habría de hacérselo en adelante?... y algo de razón llevaba, por cierto.
Primera y última vez que Pili se sentó en toda la carrera
Cuando ya casi estabamos listos para salir unas chicas que habíamos adelantado cerca de las Médulas nos preguntan si vamos a seguir, y comentan que de la organización les han dicho que los llegados después de las 17:30 quedaban fuera de carrera. Al oír eso nos sorprendimos mucho porque nos parecía que no era tanto tiempo como para hacer el corte, y preguntamos si era cierto lo que ellas nos habían comentado. Un miembro de la Organización nos dijo que si queríamos seguir lo hicieramos, pero bajo nuestra responsabilidad... y que no nos sorprediéramos si al llegar a un avituallamiento nos lo encontrabamos cerrado. Según él, ahora venía lo más duro de la carrera y teniamos que haber llegado antes para poder afrontar lo que faltaba.
En este pabellón casi terminan con nuestras esperanzas.
Como no somos unos novatos y en ningún momento hizo ademán de retirarnos los dorsales, decidimos continuar junto con nuestra compañera de 64 años, que esa es la edad de la buena de Rosa María, hasta alcanzar nuestro objetivo. Además, en ningún apartado del reglamento de la carrera existía referencia alguna al presunto tiempo de corte argumentado por la organización, y sólo el miedo a quedarnos tirados podría hacernos abandonar.

El tramo de subida hasta Yeres fue uno de los peores que afrontamos, ya que nos quedaba la duda de si nos echarían de la carrera o no. El enfado con los organizadores iba en aumento a cada paso y, cuando un hombre en un 4x4 que venía hacia nosotros se paró y nos preguntó si éramos los últimos, lo cual medio le confirmamos, a punto estuvimos de mandarlo a cierto lugar... a él y al resto de la organización. Por suerte, la gente que estaba en el punto de control y en el avituallamiento de Yeres nos aplaudió efusivamente al llegar, algo que interpretamos como una señal de apoyo que agradecimos inmensamente.

Paramos lo justo y seguimos camino hacia algunas de las rampas más duras que yo recordaba de mi primera experiencia en los 101 Peregrinos... en una de las cuales a punto había estado de darme la vuelta. En esta ocasión había dejado los bastones para usar por la noche con la mochila de material en Puente de Domingo Florez e intentaba subir con ellos, pero esta vez no conseguí acomodarme a ese ritmo y acabé subiendo mejor a pelo. 

Un tramo que añadieron el año de nuestro segundo intento (aunque no lo parezca era un subida jodida)

A punto de caer la noche llegamos al siguiente avituallamiento, un campamento montado por los soldados del RALC 62 en donde nadie habría podido instalar otra estructura, cuando salía un grupo de participantes camino de la cumbre. De nuevo pasta con tomate y adelante nuevamente. Los frontales eran ya totalmente necesarios, ya que la maravillosa noche estrellada pero sin luna no ayudaba nada. Aún quedaba mucha subida, pero a lo lejos veíamos los haces de luz de otros corredores que andaban unos kilómetros por delante y nos animaba saber que no estabamos solos en mitad de la nada. Y aunque era dificil saber si ganabamos terreno o no, saber que seguíamos sus pasos nos reconfortaba.

Aquella cuesta eterna parecía no terminar nunca, y encontrar tres corredores que abandoban no sólo no nos desanimó sino que nos hizo darnos cuenta de que no ibamos nada mal. Apenas habíamos tenido síntomas de cansancio y casi no teníamos molestias. Pili tuvo la precaución de pedir que le echara spray efecto frío en todos los músculos de la parte trasera de sus piernas en los últimos avituallamientos y yo me tomé un ibuprofeno en cuanto tuve la primera sensación molesta en la pierna izquierda. Nuestra compañera permanecía a nuestro lado con una tranquilidad y una fuerza inaudita en una mujer de su edad, y parecía que a ella todo le iba bien.

A menos de un km del punto más alto de la prueba dimos caza a dos de nuetros compañeros de aventuras, ya que uno de ellos tenía las piernas casi completamente agarrotadas y, además, no tenía pantalones con piernas largas, y eso con el frío que nos rodeaba era un peligro serio de hipotermia. Nosotros ya nos habíamos cambiado unas cuantas rampas atrás, cuando el viento empezó a ser incómodo y la sensación térmica desagradable.

Bajamos rápidamente hasta el siguiente avituallamiento, como los dos anteriores atendido por miembros del ejército, y tras tomar algo caliente continuamos camino. La bajada era bastante seria y yo tenía que esperar por Pili y por Rosa, ya que su ritmo era algo más prudente que el mío por problemas con su frontal. Se nos hicieron bastante cortos esos km a excepción de los tramos llenos de barro, en los que había que reducir el ritmo de marcha y pensar mucho dónde apoyar los pies... sobre todo a la tenue luz de un par de frontales bastante viejos y con las pilas a medio gas.

Y así continuamos dejando gente y más gente por el camino, hasta llegar a Santalla, cuna de la prueba y uno de los avituallamientos más auténticamente bercianos, desde donde desandaríamos el camino de la mañana. Ya sólo nos quedaban 15 interminables kilómetros con tres subidas (una de ellas especialmente larga y dura) y dos bajadas (una especialmente peligrosa por la inmensa cantidad de barro, como ya he contado antes) y dos avituallamientos. En uno aún paramos a tomar un chocolate, pero en el segundo, que fue el tercero consecutivo donde nos ofrecieron dulce, dijimos que lo que más nos apetecía era llegar a destino, a sólo 7 km, y ni siquiera paramos. Hasta cierto punto me dieron pena aquellos hombres que seguían al pie del cañon a las 6:30 de la mañana y al raso para ofrecer su apoyo a los rezagados como nosotros... y haber pasado de su amable ofrecimiento.

Siete simples kilómetros a eso de las 6:30 de la madrugada no son sólo 7000 metros. Siete kilómetros son muchos cientos de pasos sobre unos pies que han tropezado con incontables palos y piedras, que han esquivado mil y una trampas, que se han arrastrado por la polvareda, el lodo y la grava. Siete kilómetros en ciertas circunstancias son toda una distancia inmensa a los ojos de una mente cansada y un cuerpo aterido.
Dos amigas surgidas del camino.

Así que, cuando por fin ves Ponferrada y eres consciente de que aún habrá que bordear la zona nueva de la ciudad por el paseo fluvial en vez de cruzar en línea recta por sus calles desiertas, piensas que algo estúpido eres por cumplir el recorrido tal y como lo han marcado los organizadores. Pero al momento desechas la tontería que acababa de asomar a tu mente. ¿A quien vas a engañar?. El reto consiste en eso, en luchar contra las dificultades y contra las tentaciones... y más cuando ya no queda nada para terminar.

Por fin, tras 23 h 12 minutos de marcha, alcanzamos la gloria de cruzar una linea de meta que nada se parecía a la que mentalmente nos habíamos imaginado. Por desgracia los organizadores no eramos nosotros mismos, y no estabamos esperándonos con los brazos abiertos dispuestos a darnos un abrazo. Por mala suerte habían quitado ya el cronómetro colgante con el tiempo conseguido. Por mala suerte había coches en medio de la zona de llegada cargando el material. Por pura mala suerte ni siquiera nos dieron el ticket donde figuraba nuestro registro. Supongo que también el destino quiso que no hubiera nadie justo en ese momentopara ofrecernos ni los sandwiches ni la bebida del avituallamiento final. A lo sumo un “coge lo que quieras de la carretilla”. Quiero pensar que como era tarde por eso no había nadie para entregar la bolsa con el material de recambio que habíamos dejado en Puente de Domingo Florez. Al menos nos hicieron una fotografía los ateridos cronometradores que había pasado la noche cubiertos con una manta. Ese recuerdo será de lo poco que podamos salvar de la quema de una entrada en meta decepcionante para las espectativas que una prueba con tanto renombre nos había hecho esperar.
Con Rosa María y Araceli, después de haber terminado y antes de ir a dormir.
Si hay algo que quiero destacar de cómo llegó Pili a meta fue que parecía absolutamente felíz y dichosa. Si no fuera porque sé que no se tomó nada excitante aparte de un par de gominolas con cafeína a media tarde del día anterior, hubiera jurado que algún tipo de substancia extraña mantenía esa fuerza y ese ánimo tan intactos que le hicieron dar una vuelta al interior del polideportivo trotando de felicidad mientras mis pies sólo pedían ponerse en un barreño de agua helada. Ni los casi 5 kilómetros a mayores que nos metieron entre pecho y espalda; ni haber utilizado unas zapas de asfalto contra toda recomendación; ni las horas de cansancio acumulado; ni el tobillo torcido una semana antes; ni la visita mensual que todas la mujeres en edad fértil tienen... nada hizo que Pili dejara de disfrutar de su ansiado momento de gloria y una sonrisa de oreja a oreja iluminara su rostro radiante de gozo. ¡Cualquiera paraba aquella fiera exultante de gozo por haber conseguido dominar a su bestia parda particular!
Cualquiera diría que con algo así se pueden hacer los 101 Peregrinos, ¿no?

Ultramaraton Transvulcania 2016

Todo comienza en una tarde de sofa hace unos 3 años atras donde viendo teledeporte me quedo enganchado. Estan sacando un reportaje de una carrera espectacular donde un tal Killian Jornet ganaba la carrera ( Antes de este legado de 3 años de Luis Alberto) , recien empezaba a correr por montaña, pero el flechazo fue inmediato.  Igualmente mi frase a mi mujer fue: " Cariño esto es precioso pero que gente mas loca 76 km, yo ni loco!!!!" Vamos la tipica frase lapidaria.

Poco a poco ya mis carreras y entrenos iban en relacion a hacerla algun dia y el año pasado tome la decision: 2016 ese año voy a Transvulcania. Para ello segun abren inscripciones hace un año me apunto y presento el trail del courel del GMTA como la prueba que me permitiria hacer el ultra. Semanas mas tarde ya era oficial , estaba admitido, no hay marcha atras.

Parecia que quedaba un mundo pero cuando me di cuenta Viernes 6 de Mayo y estoy volando a la Palma, cuando llegas al aeropuerto te das cuenta que has venido a algo muy grande , la isla espectacular segun llegas, ya desde el avion ves el roque de los muchachos y se antoja que sera un gran dia.

Nos vamos para Los LLanos de Aridane a buscar el dorsal y aunque son las 7 de la tarde ya cenamos sabiendo que el madrugon que nos espera el dia siguiente es de ordago. Tipica pizza y hacia Los Quemados.


Una decision importante de la Transvulcania es donde dormir. Tienes 2 opciones:

- cerca de la meta, pero tienes que madrugar mas para coger el bus de la organizacion
- cerca de la salida, madrugas una hora menos pero luego tardas mas el dia siguiente en encontrar cama.Y Los Quemados era esa opcion.

Llegamos preparamos todo y a intentar dormir lo que se pudiese con el mar de nervios que me atacaba, solo dormi 3 horitas.

                                                                                               




3 de la mañana todos de pie, desayuno rapido y a coger el bus que nos lleva a fuencaliente . Son las 4:30 y esta hasta arriba de gente, alucinante el ambiente que se vive. Van pasando los minutos y se acercan las 6 de la mañana el ambiente se revoluciona aun mas y salimos!!!!!!! 76 km nos separan de esa linea de meta que habiamos visto el dia anterior en los LLanos y que no podia sacarmela de la cabeza



Primeros metros y ya el clasico tapon de la carrera, vamos durante un sendero facil con el frontal y con la boca tapada por un buff para no comer arena que esta suspendida en el aire por el paso de los corredores, de ahi vamos entrando en calor hasta llegar a los Canarios km7, ya vale todo el dinero de la inscripcion por ese momento llego sobre las 7:20 ya amanecio y el pueblo esta repleto la gente incluso con mantas y pijamas salen a aplaudirnos , los niños nos piden que les chocamos las manos , se te ponen los pelos de punta. Pasamos el pueblo, me como el platano que me llevaba porque los 2º primeros avituallamientos son solo liquidos y ya podemos abrir los bastones que este año los prohibieron en la salida ( Gran decision).

A partir de ahi bosque con arena volcanica , el lugar era increible, seguiamos en ascenso y ya nos metiamos en el mar de nubes, y al salir de el,.... era increible el Teide al fondo, las nubes debajo nuestro. INDESCRIPTIBLE.

Llego a Las Deseadas y me encuentro genial hago la subida de las deseadas que esta justo al pasar el 2º avituallamiento, empiezo la bajada con mucha tranquilidad ya que mi primera tarea era llegar fresco al Pilar, lo unico mi primera parada a quitar arena de los pies, ya que en  esos kilometros hacia las deseadas y en la posterior bajada, te entra muchisima arena ( no recomiendo quitar arena en las Deseadas porque justo al empezar la bajada hay mas arena que en Samil), posteriormente desaparece la arena y seguimos por una bajada nada tecnica , simplemente bajar por camino ya empieza a pasarme gente que parece que tienen prisa, yo sigo mi plan de ir tranquilo porque se que llego en el corte de 5 horas. Segun llego al Pilar  con 4 horas y 30 minutos, mi amigo Tomas me pregunta como voy, le digo que voy perfecto sin molestias , sin dolores y casi sin cansancio. Como un par de sandwich, relleno bidones y sigo.

Quiza la parte mas fea hasta el Reventon una pista muy simple donde mi idea era llegar fresco para correr y ganar tiempo al reloj. En nada llego al reventon y vuelta a quitar arena, tomo un gel y para arriba . AQUI EMPEZABA LA CARRERA. 

Paisajisticamente es la mejor parte empezamos por bosque , subida muy gallega con mucho arbol, nos adentramos otra vez por el mar de nubes y de repente el bosque se acaba y llegas al refugio de los Roques , que vistas!!! Ves todo el cresteo que tienes que hacer hasta llegar al Roque de los muchachos

Sigo el camino, sin mi compañero Millara que se siente mal ( mal de altura le diagnosticaron, igualmente me cojeria en pocos kilometros). Ahi llegamos al pico de la nieve, este año volvio este avituallamiento despues de los problemas de deshidratacion de muchos corredores el año pasado, pero salio cara la jugada el kilometro para retomar el sendero por el que trascurre la prueba desde la Nieve es digno de Moutinho y el GMTA ( Menudo desproposito, eso hizo que mucha gente no pasase el corte del Roque). Una vez llegado el sendero todo es muy similar hasta el Roque muy rompepiernas , pero no muy dificil sino fuese porque estas por encima de 2.000 metros toda esa zona. Despues de ver el roque como se acercaba cada vez mas llego en unas 10:32 minutos ( el corte estaba en 11 horas). Me encuentro perfecto como algo , me hago la tipica foto con Millara y ya se que no le vere mas hasta meta, él es un gran bajador y a mi me cuesta bastante dar dos pasos seguidos buenos. Nos despedimos y aqui empezaba lo que siempre sabria que iba a ser mi muro.


El descenso son 18 km y os los voy a resumir rapido porque me duele de pensarlo. 5 bloques:

1º) los primeros 4 km son los mas faciles y aprovechaba cada pequeña ascension que habia para meter segundos a mi favor , todavia se podia hacer algo en las bajadas
2º) llegan las piedras buuuufffffff, mas y mas piedras , super tecnico . Enseguida tome la decision de andar mas que de trotar porque ya notaba que los cuadriceps me llegaban al cuello, asi hasta llegar al Time y descansar algo en una silla . Habian pasado 10 km de descenso y aprovecho a quitarme mas arena , atarme bien los tenis, y mentalizarme que llegaba el momento los 7 km temidos hacia Tazacorte, todo lo que te puedan hablar de ellos se queda corto.
3º) segun sales del Time las piedras se reproducen y ya el camino solo son piedras que pusieron como si fuese adoquines jejejjeje( una imagen vale mas que mil palabras)

4º ) ASLFATO!!!! y pensareis que maravilla.... Nada mas lejos de la realidad pendientes de mas de 20% hacia abajo que hacian muchisimo daño con todo lo que llevabamos encima y que te acercaban al desfiladero de Tazacorte.

5º) Ultimo kilometro de bajada y que kilometro una bajada de puro zig -zag en la roca y con el pueblo debajo tuyo , yo con los cuadriceps que estaban uno en Murcia y el otro en Oslo, pero solo veia el avituallamiento abajo y sabia que era el final de la bajada .  Habia que llegar, lo peor de este tramo el olor de las terrazas de los bares. Que rico !!!!! 


Y ya en tazacorte ultimo avituallamiento ni me paro porque ya no asimilo mas bebida energetica solo me tomo una coca cola y sigo camino al rio seco que tienen para salir de Tazacorte. Me saco el frontal de la mochila porque anochece y bajamos a la playa para tomar el cauce seco, mas piedras pero en llano que te dejan andar con comodidad. Un rato mas tarde salimos del cauce y tomamos la ultima subida 2 kilometros faciles sin complicacion tecnica pero duros para los kilometros que llevamos ( esa subida la ponen en el kilometro 3 y ni os hablo de ella).

Y de repente civilizacion, entramos en Los Llanos por la calle Enrique Mederos, ahi solo era disfrutar y agradecer al increible pueblo palmero todo el apoyo mostrado, la gente desde sus casas, desde las terrazas de los bares apoyando durante esa recta de mas de 1 km y de repente giras a la derecha y luego a la izquierda y ahi esta,.. La alfombra roja , el arco de meta , esa meta tan soñada , la gente aplaudiendo , los amigos con los que fui tomando algo esperando por mi ( MIL GRACIAS TOMAS , NEGRO Y MILLARA), y a mi solo me salia aplaudir a esa gente que seguia esperando porque llegase el ultimo corredor que llegaria aun 40 minutos despues mio. Total 16 hora y 3 minutos. 

Lo recomendaria a todo corredor de Trail , es increible y magica esta prueba.


HASTA LA PROXIMA ULTRAMARATONIAN@S